viernes 15 de enero de 2010

*Sí, acepto.

Esta frase, tan positiva en apariencia, ha despertado grandes conflictos en la historia registrada. En sus orígenes fue utilizada para sellar pactos de índole política. También para dictar sentencias de fidelidad monógama o castidad (para las mujeres, claro) ad eternum. Posteriormente se asoció con la manifestación pública del verdadero amor que algún@s sentían por otr@s y la aceptación de los compromisos sociales que esto implicaba de acuerdo a la época, cultura y región en que se pronunciaba. Más tarde se constituyó como el imaginario que dio el marco perfecto para los finales felices. Luego, como el lógico un paso a seguir tras una relación amorosa. De todo esto, tras 21 siglos de tradición occidental, pasaron las relaciones amorosas entre personas del mismo sexo. Algunos sectores han peleado por obtener su rebanada del pastel con las obligaciones que circunscribe, considerándolo un derecho humano y defendiendo –con razón- que no se debe de privar de esa opción a nadie, independientemente de con quién elija vivir. Sorpresivamente, en diciembre del 2009 en México Distrito Federal, el estado ha aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo.
La polémica no ha esperado. Hemos visto desfilar ejemplos lamentables de homofobia e intolerancia de entre los cuales destaca –por irrisorio- los reclamos, manifiestos y lloriqueos de la Iglesia católica y algunos grupos religiosos cristianos.
Irrisoria para MarMol por, sustancialmente, dos hechos: a) no todos los ciudadan@s somos católicos, ergo, no tenemos por qué adecuarnos a las normas de conducta marcados por el clero, y b) se ha logrado que voluntariamente y de manera oficial, algunos adquieran deberes legalmente establecidos y con sus respectivas sanciones, en caso de incumplimientos.
¿En qué país se prohíbe adquirir obligaciones?
¿En qué afecta eso a las familias que consideren esto una aberración? ¿Cómo?
¿Por qué deberia ser importante lo que diga el cardenal Rivera en un país Laico?
Puedo no estar de acuerdo con el vecino pero, mientras no quite nada sustancial a mi vida, respetaré su libertad para vivir como elija. Si además me desagrada personalmente, pues le dejo su espacio y punto.
Los valores son tantos y variados como morales, y mientras no atenten contra la vida ni libertad del resto, hay que encontrar el modo de convivir con ellos.
No es asunto de tolerancia. Se trata de respeto.
Y en buena hora –por los motivos reales que la hayan aprobado- ahora hay una ley chilanga que intenta defender esto.
Ojalá esto desate una verdadera horda de visitantes a partir de Marzo, para proceder a algo que han esperado mucho y, de paso, acallar a los protestones.
Creamos o no en la figura legal y el, como diría Graciela Hierro, contrato sexual del matrimonio, ahora tenemos otro elemento que nos permite sentirnos más reconocid@s como CIUDADAN@S.
¡Felíz, felíz 2010!

*En memoria de l@s pioner@s activistas por los derechos de los homosexuales. Gracias.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Opino que...