Como hace tiempo no ocurría, fuimos a chacharear al centro histórico, espacio de numerosas anécdotas. A 4 horas y media de caminata, el hambre se manifestó y optamos por dirigirnos a la avenida nombrada en honor al franciscano Motolinía, sin tener claro dónde acallar al crujir de tripas vacías.En esta antigua vía hay varias de nuestras opciones actuales: El Pasagüero, Non solo, comida china, el vegetariano en un primer piso...
La memoria nos recomendó volver a la legendaria Casa del pavo. Buen adjetivo para un establecimiento entre lonchería-restaurante cuya última remodelación debió ser hace unos 5o años (sólo en México...), y cuyo menú lleva más de un siglo ofreciéndose a todo hambriento paseante con poco o mucho dinero.
Lo estelar es comer tortas de lomo ahumado. El plus, encontrar cerveza nochebuena. Lo mejor, el charal entonando viejas canciones, siempre dispuesto tanto para ayudar a los meseros a limpiar las mesas como a cantar lo que se le pida a cambio de unas monedas o un taco de pavo. Lo inolvidable, visitar sus minúsculos baños, cuyas paredes pueden o no estar cubiertos con un grasoso material de dudosa procedencia, y cuya corriente de agua puede o no ser regular.
Si Fray Toribio de Benavente (Motolinía) dedicó gran parte de su vida a describir la historia de la conversión, costumbres, formas de vivir, ritos y cultura de los mexicanos, y a expresar su admiración por lo que consideró nuestra naturaleza (¿?), creemos que hubiera encontrado en este espacio un solaz para su observación. Al menos a nosotras así nos sigue resultando cada ocasión que volvemos. Y de satisfacer el hambre, ni hablar.
Será por eso que con todo y la competencia de varios restaurantes cercanos, la casa del pavo no se remodela, no amplía sus baños, no uniforma a sus meseros a la moda (a quién carajo le importa eso) y ni siquiera necesita de página en la red para anunciarse como destino tradicional a visitantes nativos o extrangeros que, de igual forma paran en el número 40 de la peatonal.
No hay que fijarse en nimiedades: basta y sobra con recibir a la entrada el saludo de los propietarios, sentarse a comer y saborear los vestigios de un D. F. que muchos no conocieron y es bueno mantener.
Opino q su blog es realmente hermoso
ResponderSuprimirGracias y bienvenida Alma. Esperamos leerte también por aquí.
ResponderSuprimirMarMol.